WALK OF LIFE

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No podríamos entender este proyecto sin hacernos en primer lugar aquella pregunta cuya búsqueda de respuesta dio lugar al mismo. ¿Existe algo que podamos conocer a través del medio fotográfico? ¿Qué hay de verdad en todas aquellas imágenes que se nos presentan cada día ante nuestros ojos?.
Hubo un tiempo en el que la fotografía se erigió como el medio por antonomasia para retratar la realidad. Se nos dijo que aquello que aparecía ante la cámara era puramente real, casi como si estuviésemos robando directamente un momento de vida, de historia. Sin embargo, con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que esta afirmación es peligrosa, acertada en parte, pero con un grado de matices demasiado alto como para ser tan tajante.

Es cierto que lo que aparece en una foto suele ser real, puede tocarse, ha estado en algún lugar en algún momento. Pero,¿hasta qué punto preparar una escena y fotografiarla después es real? ¿Hasta qué punto un disparo a 0,125 s puede mostrarnos la realidad de un momento concreto de la vida? ¿Se puede ver el alma de alguien en una foto? Las preguntas llevan a más preguntas una y otra vez.
Desde mi punto de vista, sí se puede ver la realidad a través de la fotografía pero no en la imagen como algo físico. Una imagen puede evocar miles de emociones pero éstas no tienen necesariamente que estar relacionadas con el sujeto retratado. Tomar una fotografía (en el caso de la fotografía más pura de Cartier -Bresson) es un hecho tan instantáneo, tan fugaz, que difícilmente puede representar a la perfección todos los aspectos de la situación que se retrató.
Imaginemos por un momento la vida como una sucesión de imágenes pasando a toda velocidad, como una película. Una fotografía sería un único fotograma de esa película. Si somos hábiles puede que elijamos aquel fotograma que mejor evoque la situación que estaba teniendo lugar. Sin embargo , lo que estaba ocurriendo tenía seguramente más matices.
Partiendo de este punto, podemos decir que la fotografía objetivamente tiene sus limitaciones. Sin embargo, si empezamos a ver esas limitaciones como algo inherente a la fotografía, como algo valioso en ella, aquello que la limita la confiere a su vez de unas características que no pueden ser compartidas por ningún otro medio de expresión.
Como decía, la cámara es para mí el único medio de expresión que es capaz de decir tanto con tan poco. Escuchar un instante de una ópera (una nota), leer una palabra de un libro nunca alcanzará la potencia del instante fotográfico.
La fotografía tomada como un microscopio de la realidad. Podemos ver cómo todo aquello que pasa tan rápido ante nuestros ojos encierra mucho más de lo que creemos. Podemos extraer partículas de esas realidades infinitamente interpretables.
Una vez descubierto esto, comienzo a tomar fotos de todo aquello que me rodea, como un buscador intentando encontrar aquello que a mi ojo se le escapa y que gracias a mi herramienta puedo conocer del mundo. Yo busco el motivo y decido cuándo quiero apretar el disparador, pero sin cámara nada sería posible.
Una búsqueda incesante de momentos perdidos, como almas en la laguna estigia, de instantes perdidos en un mar de situaciones, de imágenes susceptibles de atrapar pero que se escapan en un flujo continuo. Me convierto en un observador compulsivo del mundo que me rodea.

Cuando revelo una foto veo mi botín y con él reconstruyo una realidad con sentido, pero que en muchos casos nada tiene que ver con la realidad de aquel momento. De alguna manera me convierto en un Pulgarcito que deja marcas en el camino, para nunca olvidar el lugar del que proviene. Sin embargo, a la hora de volver, todas aquellas marcas han desparecido, han tomado otro significado. Todas aquellas migajas han perdido ahora, con el tiempo, su significado inicial, el momento del que eran marca. De alguna manera esas migajas se transforman en algo diferente cuando se encuentran juntas. Cuando las recoges interaccionan entre si (algo mágico del hecho fotográfico), formando un nuevo camino, esta vez de "baldosas amarillas", que me llevan a un mundo nuevo, un grotesco mundo formado por partículas inconexas de vida.
Mediante un tipo de foto cercana, una foto en la que pese a no ser tú quien aparece, ni ser una situación exacta que hayas experimentado, evoca un sentimiento familiar en ti, tuyo y de todos. Aquello que nos une en tanto que somos seres humanos. La magia del retrato.
Se crea un mundo paralelo, que se erige sobre unos pilares al límite entre lo real y lo irreal. Real, en tanto que aquello que aparece ha formado parte de la realidad en algún momento. Irreal puesto que,como he dicho, es un instante tan minúsculo e inapreciable a simple vista que roza la irrealidad. Es muy complicado que una centésima de segundo de la historia pueda contar mucho. Sí evocar, pero no contar.
Mis fotografías pretenden indagar en esto. Busco en la realidad un punto de supra-realidad, un momento tan instantáneo que no podemos verlo más que a través de la cámara. Más bien una vez revelada la fotografía.
Intento transmitir sensaciones con mis fotografías, pero por lo general no las mismas que sucedían en aquel momento sino algo más allá. Algo que no sería capaz de percibir de ninguna otra manera que no fuese a través del uso del medio fotográfico. Esa es la realidad que quiero encontrar. El instante exclusivamente fotográfico.
Por lo tanto se puede crear un mundo muy real a partir de la irrealidad.
Acerca de mis fotos, llevo mucho tiempo oyendo: “me gustan porque es tu vida”. Sin embargo,  no es del todo cierto. Yo retrato mi vida, lo que ocurre a mi alrededor, estrictamente no podría ser de otra manera, pero a través de mis fotos no se ve mi vida. Se ven extractos de vida, de vidas: una relación entre el sujeto fotografiado y el fotógrafo, con todo lo que ello encierra.

LaFlamme